Una madre hará todo lo posible por darle a su criatura la vida que ella misma no pudo tener.
¿Qué significa sentirse sano y salvo? ¿Puede un desconocido convertirse en la persona que más necesitas cuando todo a tu alrededor parece estar en contra? ¿Y, cuánto somos capaces de soportar cuando lo único que buscamos es una vida tranquila para nosotros y nuestros hijos?
Hay algo muy especial en Sana y Salva. La cuarta película de Arí Maniel Cruz llega en un momento particularmente significativo para mí. Fue con Antes que cante el gallo (2016) que comencé a acercarme mucho más al cine puertorriqueño y a descubrir el trabajo de uno de mis directores locales favoritos. Verlo ahora contar una historia desde otra faceta de su vida, mientras yo también la recibo desde una etapa completamente distinta, hizo que esta experiencia se sintiera aún más personal.
Sana y Salva sigue a Esther (Julietta Rodríguez) una mujer embarazada que llega a Puerto Rico desde República Dominicana buscando una vida mejor para ella y su criatura. Lo que espera encontrar como un camino hacia la tranquilidad termina llevándola a encontrarse con todo tipo de personas: algunas con buenas intenciones y otras que buscan aprovecharse de su vulnerabilidad. En ese camino aparece Arcadio (Mario Guerra) un desconocido que, poco a poco, termina convirtiéndose en mucho más que un compañero de circunstancias.
Julietta Rodríguez y Mario Guerra tienen una química preciosa. Me gustó especialmente que sus personajes no sean la pareja romántica tradicional. La conexión que construyen nace desde la empatía, la amistad, la confianza y la necesidad de ayudarse mutuamente.

Como mamá, conecté muchísimo con Esther y con ese deseo tan básico de encontrar paz y seguridad para una criatura. Arcadio me tocó de una manera particular: algunas de sus maneras de relacionarse con el mundo me recordaron a mi hermano, y esa conexión personal hizo que su personaje tuviera un peso diferente para mí.
Israel Lugo como Pastor Broza también me pareció fascinante. Su personaje representa una crítica bastante directa a quienes utilizan la religión para enriquecerse o beneficiarse de la vulnerabilidad de otros.
Uno de los mayores aciertos de Sana y Salva es su capacidad para hablar de problemas muy serios sin perder completamente el sentido del humor. Nos reímos de nuestras propias desgracias, pero debajo de esas risas existen injusticias que ocurren todos los días. Es una película muy nuestra: imperfecta, honesta, conmovedora y con muchísimo corazón.
Además, aborda el abuso de poder desde distintos espacios: policías que utilizan su autoridad para provocar y arrestar sin verdadera causa, figuras religiosas que manipulan su posición y personas en el poder que convierten el sufrimiento ajeno en una herramienta política.
Pero, sobre todo, me gustó su mensaje sobre la humanidad. Sobre cómo alguien que acabamos de conocer puede decidir ayudarnos, convertirse en nuestro amigo y hasta arriesgar su propia vida para protegernos.
La cinematografía asimismo merece reconocimiento. Los paisajes de Puerto Rico se sienten reales. Hay algo muy bonito en ver nuestra isla formar parte de una historia que no intenta convertirla en un simple escenario, sino que la integra a la experiencia de sus personajes.
Mi mayor dificultad fue que, por momentos, la película intenta abarcar demasiados temas a la vez y se siente un poco larga. Hay tantas conversaciones sociales y políticas alrededor de la historia que algunas ideas pudieron sentirse más desarrolladas que otras. Aun así, entiendo que esa amplitud también forma parte de lo que la película quiere provocar: conversación. Y definitivamente Sana y Salva es una película que deja mucho que discutir después de los créditos.
Datos extras
Duración: 1hr 52min
Género: Drama / comedia
Público ideal: Adultos y jóvenes adultos que disfrutan historias humanas, cine puertorriqueño y películas que, además de entretener, dejan preguntas para conversar después de los créditos.
Temáticas: Maternidad, migración, familia, amistad, solidaridad, injusticia social, abuso de poder, religión, corrupción, política, desigualdad, supervivencia y esperanza.
Sana y Salva es una película sobre el poder de la maternidad, la amistad y la solidaridad, pero por igual sobre un país donde muchas personas todavía buscan sentirse protegidas de aquello que debería protegerlas.
Y quizás esa sea la pregunta que más me dejó la película: ¿cuándo realmente nos sentiremos sanos y salvos?
Quizás nunca.
Pero tal vez sentirse a salvo puede significar encontrar, en medio del caos, a alguien dispuesto a caminar contigo. Alguien que no te conoce, pero decide quedarse. Alguien que entiende que proteger a otra persona es, igualmente, una forma de humanidad.
El cine no solo cuenta una historia; nos recuerda, además, que incluso cuando vivimos rodeados de injusticias que hemos aprendido a normalizar, todavía podemos elegir ayudarnos. Y quizás, en un mundo donde tantas personas están buscando sentirse seguras, ser refugio para alguien más puede ser una forma de estar sano y salvo.
Sana y Salva estrena hoy jueves, 13 de agosto, y estará en cartelera por solo dos semanas en los cines de Puerto Rico.

