¿Cómo cambia la comedia a través de las generaciones? ¿Qué pasa cuando el humor que antes nos hacía reír hoy nos incomoda? ¿Podemos cerrar un ciclo sin romantizar el pasado?
Llegué a Aída y vuelta sin el peso de la nostalgia. No he visto la serie original, solo sabía que estaba basada en una comedia española muy popular que corrió por muchos años y que marcó a toda una generación. Quizás por eso mi mirada es distinta, más distante emocionalmente, pero también más crítica. Lo que encontré no fue solo una película de reencuentro, sino un ejército de reflexión sobre el paso del tiempo, los cambios generacionales y las dinámicas de poder dentro de la industria audiovisual. Más que revivir chistes, la película parece interesada en mirar hacia atrás y preguntar que de todo eso sigue teniendo sentido hoy.
La historia sigue a los actores de la serie de Aída que se reúnen años después para grabar nuevos episodios especiales. Lo que comienza como un regreso nostálgico pronto se convierte en un retrato de las tensiones, los conflictos no resueltos y las contradicciones que surgen al volver a interpretar estos personajes que los definieron durante muchos años. Los actores interpretan versiones de sí mismos regresando al set. Cada personaje funciona muy bien como representaciones claras de la comedia de época. Son exagerados, sin filtros y construidos desde códigos que en su momento eran celebrados.
Desde este universo, Carmen Machi sobresale con facilidad. Aída se siente como un personaje vivido, cargado de historia y de decisiones conscientes. Machi es una actriz de calibre, segura de su lugar y con una clara postura de no querer pasar toda su vida interpretando el mismo personaje. Su química con Paco León es genuina y entre ambos sostienen gran parte del peso emocional de la película.
El resto del elenco: Miren Ibarguren, Mariano Peña, Eduardo Casanova, Pepe Viyuela, Melani Olivares, Canco Rodríguez, Secun de la Rosa, David Castillo,Marisol Ayuso, Pepa Rus, Óscar Reyes y Adrián Gordillo, se sienten como una familia que lleva años compartiendo espacios, rutinas y secretos. Esa familiaridad se nota en pantalla y le da autenticidad a esta historia.
En Aída y vuelta hay conflictos que se presentan con mucha fuerza pero no terminan de resolverse. En particular, hay una situación de acoso disfrazada de “chiste”; cuando un actor toca a una compañera con demasiada confianza. Lo cual abre una conversación importante, pero la película no deja claro que ocurrió después. Queda la duda de si hubo consecuencias reales o si todo se diluyó, como tantas veces pasa en la vida real. También hay un momento donde se interrumpe el testimonio de una mujer que intenta compartirle a sus compañeros una experiencia de acoso para insertar un chiste. Entiendo la intención, pero me hubiese gustado ver una postura más clara en cuanto al tema.
Por otra parte, la dirección de Paco Leon es sólida y consciente. La cámara se mueve con mucha naturalidad entre los sets, los encuadres están bien pensados y el ritmo logra que el espectador se sienta dentro del espacio de trabajo. Más que una simple comedia, hay una sensación constante de estar viendo un behind the scenes emocional. Si has trabajado en televisión, cortometrajes o cualquier producción audiovisual, es imposible no sentirse identificado.
Además, la película toca muchos temas: la normalización del acoso en los sets, el miedo a denunciar al agresor, la presión de seguir un libreto aunque te haga sentir incómodo, el desgaste de interpretar al mismo personaje por años, las oportunidad que se rechazan por compromisos previos, el reemplazo de actores por inteligencia artificial, el abuso de poder y desvalorización de ciertos roles en producción. Todo esto convive en esta comedia sin sentirse forzado.
Datos extras:
Duración: 1h 30min
Clasificación: NR
Género: Comedia
Temática: Evolución del humor, paso del tiempo, nostalgia vs conciencia generacional, consentimiento y límites en el trabajo creativo.
Público ideal: Personas que crecieron con la comedia de los 2000, trabajadores de cine, televisión o producción, espectadores que disfrutan comedias con reflexión.
Aída y vuelta no intenta justificar el humor del pasado, pero tampoco lo borra. Lo expone. Lo pone en contexto y desde ahí, te invita a mirarlo con otros ojos. Tiene un final que funciona, te deja con la inquietud de querer saber qué pasó después, que hicieron estos actores una vez cerraron este ciclo. Es un buen ejemplo de cómo la comedia ha evolucionado. Lo que antes era celebrado, hoy se cuestiona, no solo porque “ya no se puede decir nada”, sino porque como sociedad estamos más conscientes de la salud mental, del consentimiento y de las dinámicas de poder.
Como generación, somos más sensibles, sí, pero también más atentos y eso se refleja en cómo consumimos humor. Desde ese punto de vista, Aída y vuelta es una excelente opción para ver en familia y luego abrir conversaciones incómodas pero necesarias sobre cómo hemos cambiado y por qué.
Aída y vuelta ya está disponible en cines selectos de Puerto Rico.


